En el Blog Salmón se equivocan: no es culpa del libre mercado…miren al inflacionismo y al creciente tamaño del Estado

El conocido blog salmón, el pasado 8 de diciembre, publicaba una entrada donde se dice que esta crisis es el fracaso de la contrarrevolución monetarista.

Más bien habría que llamar contrarrevolución al keynesianismo, ya que supuso que se rehabilitaran las malas teorías inflacionistas que antaño habían refutado los economistas clásicos. El monetarismo de Friedman sería, simplemente, algo así como una reafirmación neoclásica (como mucho, un contraataque).

Sin entrar a juzgar la imperfecta apreciación del monetarismo por parte del autor (Friedman no decía que con sus receta de política monetaria se conseguiría el pleno empleo, sino que, simplemente, las políticas monetarias activas eran, al final, inflacionistas y no conseguirían reducir el desempleo), lo que se dice en esta entrada es totalmente incorrecto, y es producto de la malsana influencia macroeconómica keynesiana que ha echado (y sigue echando) a perder a generaciones de economistas (“perdidos en el keynesianismo y el monetarismo”, como diría Hayek).

La “edad dorada” keynesiana de postguerra debería ser desmitificada en 2 aspectos:
1. La gran prosperidad que trajo fue a pesar de las políticas activas de pleno empleo y redistributivas del ‘welfare state’. Estos fueron soportado durante 2 o 3 décadas gracias a los contínuos incrementos de productividad (el empresario de postguerra se comporta de manera diametralmente opuesta a como supone Keynes en “La teoría general”) y una continua apertura de mercados al comercio internacional.
2. Las expansiones fiscales y monetarias durante los años 60 terminaron en un necesario abandono del sistema monetario de Breton Woods y la paridad oro-dólar (una apropiada teoría económica ilustra que esto no es nada bueno).

Por otra parte, el fin de los 2 “ciclos conservadores”, es decir, la crisis del 29 y la depresión de los 30, y la crisis actual, no son, de ninguna manera, consecuencia de políticas liberales, de menos Estado. Para saber esto es necesario una teoría monetaria mucho más penetrante que la que se usa en la macroeconomía al uso.
La Fed se creó en 1913 y la principal consecuencia de ello fue que la capacidad de los bancos privados de crear dinero artificialmente se vió definitivamente respaldada por la existencia de un prestamista de última instancia. Los años 20 fueron testigo de una expansión monetaria sin precedentes, tendente a estabilizar el valor del dólar según un índice de precios (como sostenían Fisher y el propio Keynes) cuando, en condiciones normales, los aumentos de productividad habrían tenido como consecuencia una sana deflación de precios (sana por ser un resultado natural del proceso de mercado). La severidad de la crisis, en parte, fue un resultado natural de los desajustes anteriores y, en parte, estuvo agravado por las políticas intervencionistas de Hoover (arancel Smoot-Hawley, subida del salario mínimo) y el mitificado Roosevelt (aumento de gasto público y de impuestos..de hecho, en el 37 tuvo otra caída muy brusca).
Algo parecido ha pasado en tiempos recientes: una tremenda expansión monetaria por los bancos privados (no sólo por reserva fraccionaria de los depósitos, sino, también, por los instrumentos financieros desarrollados a partir del final de Breton Woods -¡qué coincidencia!-) que ha venido continuamente respaldada por los bancos centrales que ya no han sido simples prestamistas de última instancia, si no que continuamente intervienen en el mercado (descuentan activos de los bancos privados, prestando fondos que se renuevan constantemente, y fijando un precio mínimo en los créditos a corto plazo).

En conclusión, las crisis con las que han terminado los supuestos ciclos conservador-progresista-conservador que dicen en el blog no suponen el final de recetas económicas liberal/conservadora – intervencionista -liberal/conservadora. Al contrario, todos ellos tienen un elemento común y son consecuencia última de ese elemento: el inflacionismo que ha caracterizado al siglo XX y que ha ido a la par con el crecimiento del tamaño del Estado.

Es falso que la víctima fracasada de esta crisis sea el monetarismo y el triunfador vuelva a ser el keynesianismo. En realidad, la víctima de esta crisis es la teoría (macro-)económica ‘mainstream’, incluyendo en esta al neoclasicismo-monetarismo y las expectativas racionales, y al burdo keynesianismo. Los fracasados son tanto Irving Fisher y Milton Friedman, como lord Keynes; al mismo tiempo que  son las teorías basadas en Ludwig von Mises y Friedrich A. von Hayek las que, de nuevo, explican mucho mejor la realidad.

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