contra el canon digital

El canon digital consiste en una cantidad que el consumidor tiene que pagar obligatoriamente al adquirir cierto tipo de productos informáticos de almacenamiento (cd’s, discos duros, reproductores mp3 o mp4, por ejemplo). Está fundado en la sospecha de que el consumidor va a utilizar esos dispositivos para almacenar música por la que no ha pagado para disfrutar de ella.

Este impuesto es de carácter obligatorio y cobrarlo constituye, por lo tanto, un robo sobre la propiedad de los consumidores que adquieren esos productos.

A partir de aquí, suponiendo que los derechos de autor sean legítimos y esta manera (cobrando el canon) de protegerlos fuera, también, legítima, surge la pregunta ¿los consumidores que no utilicen esos dispositivos serán compensados con el importe robado si esos dispositivos no los van a utilizar para música o películas adquiridas de manera “pirata” (es decir, para almacenar sus propias fotos, sus propios vídeos caseros o sus propios programas informáticos)? Como, evidentemente, eso no va a ser así -no es así-, el apoyo esta medida supone poner el (supuesto) ‘derecho de propiedad’ de los autores, artistas, etc. por encima del derecho de propiedad del resto de la gente.  Como conclusión, debe resaltarse el carácter totalitario del apoyo a esta medida: supone valorar a unas personas, por el hecho de realizar determinada actividad (artística, ‘cultural’, ‘intelectual’) por encima (moralmente, como seres humanos, o como se quiera interpretar) al resto de los consumidores.

Además, sin ánimo de ser demagógico, el tipo de personas a las que se les roba con este impuesto sin ninguna legitimidad (como cualquier impuesto) son mayoritariamente consumidores que no gozan del favor del poder político, ni sirven a los intereses del mismo recibiendo prebendas a cambio, ni gozan del eco de los medios de comunicación, ni (siendo muchos de ellos tan cultos, o más, que los que gozan del extra de dinero del canon impuesto) forman parte del llamado “mundo de la cultura”, con el que los “artistas” se erigen en sectarios altavoces del una determinada ideología (la ‘progresista’) y dan lecciones al resto de la sociedad desde su supuesta (¡falsa!) superioridad moral o ética.

Apoyar el canon digital es apoyar una actividad criminal, por muy institucionalizada que sea, y, como tal, un sistema, en cierta medida, totalitario.

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Una respuesta

  1. […] 30, 2008 in EDITORIALES Discutiendo con una persona muy inteligente sobre la legitimidad o la idoneidad del canon digital, esta persona tenía un buen argumento para la justificación del mismo: a partir de hace unos […]

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